Formación online y sus mitos: 1ª parte

Desde la aparición del e-learning, las críticas a su calidad, viabilidad y autenticidad son constantes. La pregunta que hay que hacerse es si estas afirmaciones son verdaderas y si las instituciones tradicionales son más eficaces que las que eligen la formación online.

La tecnología no es fiable.

Es curioso que en otros sectores no se suele cuestionar la actualización de procedimientos y protocolos por miedo a una tecnología que puede no ser fiable. La realidad es que la mayoría del software de formación online requiere únicamente una conexión a Internet y un ordenador. Todavía no dependemos de herramientas carísimas o del software privativo para realizar la formación online, ya que existen LMS como Moodle. Y, para la mayoría de las personas, la conexión a Internet y sus ordenadores son elementos en los que se puede confiar.

Se pone la profesión docente en riesgo.

Los ordenadores no han sustituido a las personas. Simplemente hacen que sea más fácil para una persona llegar a un público más amplio. La profesión docente no se verá afectada a causa de la formación online, más bien es lo contrario. Los formadores tienen más oportunidades para llegar a los estudiantes y pueden acceder a un mercado global, antes limitado a sus aulas.

No se puede medir el verdadero aprendizaje.

Durante años, los formadores han tratado de encontrar formas de medir el aprendizaje. ¿Deben hacerse exámenes o medir el éxito a través de las competencias adquiridas? Este argumento no es exclusivo de la formación online.

El aprendizaje es una cosa difícil de medir independientemente del medio que se utilice, simplemente porque hay múltiples tipos de aprendizaje. Pero la verdad es que los cursos en línea tienen las mismas herramientas para medir el éxito que el aula tradicional.

Los estudiantes son menos propensos a terminar sin un profesor que supervise su trabajo.

Los estudiantes sin motivación fallan y eso no depende de si un maestro está mirándolo o no. Aunque la formación online no requiere que el estudiante esté en un lugar y momento determinado, todavía existe el acceso al formador y a otros compañeros de clase a los que puede pedir ayuda y apoyo.

Podemos aplicar a este mito el refrán inglés “Uno puede llevar el caballo al río, pero no lo puede obligar a tomar agua “. Los estudiantes que carezcan del deseo de tener éxito fallarán estrepitosamente sin importar la perfección del programa educativo o  la motivación del docente. La formación online es simplemente el catalizador para la entrega de la información, no podemos hacerlo responsable de los hábitos de trabajo de un estudiante.

El plan de estudios es menos robusto.

¿Has echado un vistazo algunos de los programas educativos abiertos del MIT? Estas clases son réplicas exactas del programa de clases tradicionales. Los estudiantes que se embarcan en una clase online pueden recibir la misma formación que los estudiantes tradicionales. La calidad del plan de estudios se relaciona directamente con el docente que lo planificó. El método de entrega (en este caso digitalmente) no afecta a su calidad de ninguna manera.

El aprendizaje a distancia es pasivo.

Sentarse en un aula escuchando una conferencia es una actividad pasiva. Aquellos que se inscriben en cursos online tienen que mostrar un mayor compromiso, porque la responsabilidad de asistencia e interacción recae al 100% en el estudiante

Es más intencional escribir una respuesta a un docente en un chat durante una clase en línea que ser llamado en clase mientras está jugando con su teléfono al el fondo de la clase. Los estudiantes online están preparados para ser más activos, ya que han tomado la decisión de acceder a su clase, incluso cuando nadie está tomando obligado formalmente a asistir (no se pasa lista ni se suele llevar un control de asistencia tradicional día a día).

Los estudiantes no tienen interacción grupal.

En los últimos años, la cantidad de interacción social entre las personas ha aumentado. Con la explosión de las redes sociales como Facebook y Twitter, muchas plataformas de aprendizaje en línea académicas han incorporado este tipo de software en sus cursos, dando a la gente la oportunidad de charlar, interactuar, permitiendo el aprendizaje colaborativo.

De hecho, los estudiantes online tienen la oportunidad de conectar con personas de todo el mundo y eso es algo que una clase tradicional no puede ofrecer.

Se aísla al estudiante del mundo real.

El mundo real está lleno de ordenadores e Internet es mucho más grande que un campus en una pequeña ciudad. Los estudiantes online tienen la oportunidad de interactuar con personas de todo el mundo y están más preparados para el mundo digital en el que vivimos, ya que nunca salen del mundo real para obtener su educación.

No te tomarán en serio con un título online.

Esto podía ser real hace más de una década, pero no hay duda que la situación ha cambiado radicalmente. Cada vez más empresas reconocen que la educación a distancia está demostrando ser tan competitiva como una institución tradicional.

Muchos graduados online son mejores usuarios de la tecnología, tienen mayor motivación y son  autodidactas. De ahí la explosión en el número de instituciones y empresas que ofrecen formación online y en el número de estudiantes matriculados. La educación tradicional tendrá que hacer un cambio radical para competir con las empresas privadas que no tienen tantos trámites burocráticos a la hora de implementar actividades formativas.

Por otra parte, la mayoría de las instituciones de educación superior que ofrecen formación online cuentan entre sus más fieles alumnos a personas que compaginan estudio y trabajo. ¿Sería posible formarse en una universidad tradicional en horarios nocturnos o fines de semana? Yo misma no tendría titulaciones si no fuera por la UOC

Los estudiantes se pierden las actividades extracurriculares.

¡Es al revés! El hecho es que los estudiantes online tienen más tiempo para actividades extracurriculares. Un estudiante online no tiene que ir a clase y puede aprender a su propio ritmo, diseñando en gran medida su propio calendario. Esto le da la opción de planificar su tiempo para poder realizar otras actividades que, de otro modo, sería imposible con un horario clásico de clases. También existe otra ventaja: el alumno puede ayudar en proyectos comunitarios o acudir a exposiciones y conferencias que normalmente se organizan durante las horas normales de la escuela/universidad sin perder “ninguna clase”.

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