Formación online: engaños y desengaños (1º parte)

Es evidente que el incremento en la oferta de formación online ha supuesto una democratización de la educación y una mayor facilidad para poder ampliar nuestros conocimientos. Sin embargo,  también he podido comprobar que “no es oro todo lo que reluce” en este sector.

Desde el año 2000, en el que únicamente era posible estudiar una carrera online en España a través de la UNED y la UOC , hemos pasado a tener infinidad de opciones para obtener formación (reglada, no reglada e informal). En mi caso, tras elegir la opción online para cursar dos carreras universitarias (UOC), un posgrado (OBS-EAE) e infinidad de cursos “de los de 500 horas”, decidí parar una temporada y reflexionar sobre la utilidad de mis inversiones (en tiempo y dinero).

Seguramente no coincidiremos en muchas de las conclusiones a las que he llegado y que voy a desarrollar en varias entradas, pero eso es lo interesante. La formación tiene que ser lo más personalizada posible para que el alumno saque provecho de ella y, por tanto, lo que vale para algunos no es adecuado para otros.

¿Por qué llamarlo curso cuando es un mero manual, tutorial o refrito de apuntes?

Esta es la definición de curso según la RAE:

curso rae

Desde que era pequeña, cualquier curso contaba con la figura de un profesor que dedicaba sus esfuerzos a intentar meterte en la cabeza (de formas más o menos acertadas) multitud de conceptos sobre una materia determinada y un grupo de alumnos que utilizábamos los libros de texto para aprender. Es decir, coincidía con las definiciones 2, 4, 5 y 6.

Hoy en día, no hay que buscar mucho en Internet para encontrar miles de cursos promovidos por blogueros y/o empresas de formación en los que lo único que recibe el alumno es un pdf de tropecientas mil páginas e infografías. Puedo estar equivocada, pero ¿no sería más correcto llamarlo tutorial o manual?:

  • Tutorial: es una guía sobre la misma que le servirá para adquirir todos los conocimientos necesarios sobre cualquier materia
  • Manual: es una publicación que incluye los aspectos fundamentales de una materia, una guía que educa a sus lectores acerca de un tema de forma ordenada y concisa.

Una de las razones para llamar curso a cualquier manual que circula por Internet es para dar un “toque” académico y de seriedad a lo que se ofrece. Pongamos como ejemplo estas dos frases y piensa en términos de aprendizaje, ¿con cuál te quedas?

“Te ofrezco mi curso de marketing”

“Te ofrezco mi manual de marketing”

Si has elegido la segunda, ¿no será que lo que buscabas era más parecido a un libro?

No digo que no se puede llamar “curso”a un manual (hay estructura, versa sobre un tema y tiene unos objetivos), pero mi experiencia personal me ha demostrado que muchas personas se sienten engañadas cuando “compran” estos cursos, ya que no cuentan con un profesor/tutor que explique y resuelva todas sus dudas. Han asociado la palabra “curso” a las definiciones de la RAE y, por tanto, no han obtenido lo que esperaban.

¿Estamos ante un error del consumidor o ante un engaño “no intencionado” por parte de la empresa/bloguero? No soy quien para juzgar, pero creo que este tema merece una reflexión profunda. En mi caso, optaría por no llamar curso a todo lo que se ofrece por ahí…

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